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Academia SÓCRATES
El silencio de la pura inocencia persuade a menudo allí donde la elocuencia fracasa.
William Shakespeare
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El verdadero Maestro es aquél que predica con su ejemplo.

Sé que este “blog” está dedicado al gran maestro Sócrates, pero hoy, me han ofrecido inaugurarlo y creo que mi exposición tendrá cabida pues aunque no se trate del filósofo, concierne a otro “maestro”, alumno de aquél.

He de decir que hoy es un día muy señalado para mí, pues, aunque sea presunción, he aprobado mi tercera oposición, y no es por el número, sino por aprobar en propiedad una plaza de funcionario en mi localidad natal y de residencia, Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Un fin largo tiempo soñado, pues acumulo ya diez años de carrera profesional en otras localidades (Ciudad Real y Tomelloso).

Esto viene a cuento de que he preparado esta plaza en un brevísimo espacio de tiempo, por no enterarme antes de las fechas de examen. Resulta que lo que uno aprende bien permanece no sólo en la memoria, sino en el “alma” de la persona, y de ahí la posible capacidad que haya tenido para llegar a buen puerto. He de decir con mayúsculas que ningún barco llega a buen puerto, permitidme la retórica, sin un capitán que maneje el timón. Creo que este barco, que arrastro treinta y tres años ya, ha sido dirigido por el mejor capitán que mi intuición o mi raciocinio intelectual –como diría este gran personaje tanto como escéptico-, eligió en su día.

No creo en la casualidad, tal vez en la suerte, pero … ¿qué es la suerte sino ese maravilloso y sutil hilo que conduce una serie de acontecimientos “fortuitos” a tu vida? La suerte existe, pero no condiciona, al menos esa es mi experiencia. Es un factor que puede determinar o hacerse inclinar la balanza en un momento concreto a tu favor. Pero como dijo Machado, “… el camino se hace al andar”, no hay suerte si no hay esfuerzo, en cualquiera de las manifestaciones u órdenes de la vida.

Si hubiera de ser una persona supersticiosa o crédula en la “cultura del azar”, en cualquier caso, diría que, si he tenido suerte en esta vida ha sido por encontrarme con personas de “gran talla” de las que he aprendido mucho. Pero no soy crédula; creo que ese “dios que anida en cada uno” –en forma intelectual y espiritual- me ha guiado siempre hasta dónde y quién he pretendido llegar. El mérito de encontrar algo en la vida es tuyo, no de la suerte. No hay nada fortuito en la vida. La cuestión no es objetiva, sino subjetiva, pues de lo que se trata es de si aprendes de aquello que se te pone delante.

No me creo tampoco persona parcial respecto a mis inclinaciones personales, máxime cuando la relación, en su principio, es puramente interesada, no del corazón. Por tanto, puedo decir que hablo con objetividad y experiencia. Estoy hablando de un maestro, de D. Javier Tejado, si me permitís el apelativo tan directo, de Mi maestro. Y permitidme decirlo, aunque también parezca presuntuoso por mi parte, “el maestro aparece cuando el alumno está preparado”. Creo que entendéis.

Yo comencé mi andadura opositora al principio de los 90, muy jovencita. Sinceramente, empecé a estudiar por interés laboral, pero no me gustaba nada ni el temario ni el trabajo elegido, soy Auxiliar Administrativo de Administración General. No entendía nada del vocabulario jurídico ni tampoco me interesaba personalmente.

Sin embargo, tuve la “suerte” de elegir al mejor maestro y puedo argumentar mis palabras. Maestro, en la acepción de la enseñanza pura y dura, puede ser cualquiera, sin menoscabar ni ofender la capacidad de nadie. Pero personas que realmente te muestren la condición de lo que te enseñan, hay pocos. Al principio, creía que las leyes y todo ese rollo no iba para nada con mi persona, pues soy utópica –como él suele decirme- e idealista por naturaleza. Después, con su sutil y particular forma de enseñar, fui aprendiendo a proyectar todo mi idealismo en las bases jurídicas de nuestro país.

Hoy, continúo siendo idealista, de lo que me siento orgullosa. Llevo diez años de servicio al ciudadano, y no me gusta mi trabajo, me aburre la burocracia y creo que la Administración Pública es un fracaso estrepitoso a todas luces en el sentido organizativo. Sin embargo, amo lo que represento, la condición de ser Funcionaria, es decir, de representar el Estado de Derecho –en el que creo firmemente- y garantizar y legitimar los derechos de los ciudadanos frente a los poderes públicos.

Este concepto es el que la gente no capta al estudiar el temario de las oposiciones. No se trata sólo de un sueldo fijo, de un empleo "cómodo" o estable, por otro lado, condición esta última indispensable para que sea posible la imparcialidad y la independencia del funcionario. Se trata, ¡nada más y nada menos!, que de servir al ciudadano cumpliendo y haciendo que se cumplan la Constitución y las Leyes. A esto nos debemos. Para eso nos hacemos funcionarios.

Por desgracia, a veces este mandato legal se nos olvida y se recuerda poco cuando formas parte de la plantilla. Olvidamos que los funcionarios cobramos de los impuestos de todos los ciudadanos, por ende, les debemos nuestro respeto y deferencia como bien señala la legislación de Derecho Administrativo. Únicamente debemos a los poderes públicos el respeto y reconocimiento a su autoriedad, respondiendo a los criterios de jerarquía organizativa, dado que el mismo ciudadano es el que les confía su voto para su correcta y adecuada administración en beneficio de todos. No hablo de nadie en particular, sino de la generalidad y de la cultura del funcionario, que es lo que llega a los particulares.

Pues toda esta charla se la debo a este gran hombre, que me inculcó los principios sociales y los valores del Estado de Derecho español. No sólo me daba los temas sin más, sino que me mostraba su contenido de fondo. Esta teoría o método de enseñanza puede no gustar a otros, porque no nos suele gustar que nos digan lo que hemos de pensar o, simplemente, se nos haga pensar, que se nos cuestione planteamientos o que se nos anime a argumentar. Francamente, incomoda. Pero hay que ser humildes en la vida, y abrir los ojos y los oídos y escuchar, y lo que sintonice contigo, hacerlo tuyo para siempre. Ese es el gran libro de la vida, así se aprende realmente.

He de matizar también que, personalmente, para mí es -además- un gran ser humano, pero eso ya entra dentro de mi experiencia y sintonía particular, que no tiene porqué ser la de todo el mundo. Acudí a él en una ocasión crítica de mi vida privada, y me dio su visión de los hechos, que por supuesto tuve muy en cuenta. Y fuese o no fuese la más acertada, fue la justa y la apropiada, porque yo suelo decir, que “nunca es poco cuando lo que se da es todo lo que se tiene”. Eso es lo importante, lo demás, es parte tuya.

Ya no voy a la Academia como antes. Sin embargo, uno, donde ha encontrado consuelo o grandes enseñanzas, lo mantiene, y vuelve siempre a sus brazos, como un niño a su madre. Así acudo siempre que he tenido alguna inquietud laboral o personal, si creía que podía aconsejarme bien. Y nunca me ha fallado. Así me ha respondido siempre, con sus buenos consejos y gran experiencia, pero sobre todo con el corazón.

El mejor consejo me lo ha dado él, "en todos los ámbitos de la vida: mantén la dignidad en todas tus actuaciones y sé fiel a ti misma." Cierto es, por experiencia propia mía, que uno sólo es feliz en esta vida si es fiel a sí mismo, de lo contrario, hay desequilibrio en tu interior y la consiguiente desarmonía en tu vida exterior.

Creo que todo esto sólo lo he hecho con un motivo, el de darte las gracias, Javier, y creo que no hay mayor recompensa para un maestro que recibir la gratitud de sus alumnos y la de ser partícipe de su alegría en la consecución de sus medios. Así quiero hacerte partícipe de mi alegría hoy. Y te rindo homenaje por tu “fidelidad” si me permites, sin que ello malogre o menoscabe la que dispensas a todos tus alumnos.

MUCHAS GRACIAS POR TODO. Y SOBRE TODO, POR SER COMO ERES. NO CAMBIES NUNCA, SÓCRATES.
SIENDO UNO MISMO SE TRIUNFA, ESE ES EL SECRETO DE ESTA ACADEMIA QUE AHORA OS TRANSMITO A VOCES. REFLEXIONADLO.

PARA AQUEL QUE LO LEA Y, COMO DECÍA OTRO GRAN MAESTRO, EL QUE QUIERA ENTENDER, QUE ENTIENDA.

Un abrazo muy sentido. Muchas gracias a todos y perdonad mi “gran elocuencia”.

¡¡ Suerte en vuestro camino ¡!


Evangelina Vela Madrid

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